miércoles, abril 27, 2005

Dreams Come True..

Una chica llamada peligro..
Judee Sill.

mi corazón late, es la única prueba que necesitas
My Morning Jacket.


El punk, aquella hermosa utopía a la que muchos aspiramos en la pubertad, siempre tuvo una apócrifa credibilidad, sobre todo si escuchamos a Malcom Mclaren diciendo que en Sex, lo único que rifaba era beber cervezas y escuchar dub. Ya, que el único grupo punk que corrió con suerte (además mala) fueron The Sex Pistols y aquella ráfaga de ruido que concibieron no era más que la consecuencia lógica de aquella escandalosa abulia. Después de el filósofo escocés David Hume lo más punk que ha cruzado el atlántico han sido esos mocosos afectos a hacerse chaquetas en el lavabo del baño y ha batirse a escupitajos, así de jodidas están las cosas en este mundo, no queda más que relacionar el punk y a los Pistols casi por antonomasia. Pero ¿qué hay del caso contrario? Cuando se tienen los pantalones vaqueros llenos de billetes de cien dólares como Judee Sill, la prueba más fina e irrefutable de que se puede ser un verdadero hijo de puta por la vida y llegar a casa para componer canciones tan finas, hermosas y delicadas como una brisa de otoño. Judee Sill, cuerpo pequeño y hermoso cabello castaño, concibió a principios de los setentas uno de los más hermosos y frágiles tratados musicales sobre la soledad, la angustia, sobre saberse equivocado y saber que aún con un millón de chances más uno terminará cagándola de la misma forma, porque su debut para Asylum records (Judee Sill 1971) es un disco que duele por todos lados, ya había descubierto la soledad y acababa de descubrir la heroína y la cocaína; cuenta la leyenda que el disco se grabó en sesiones donde la Sill estaba totalmente colgada de otro mundo, incluso en ocasiones le llegaba a escurrir sangre de la manga de la camisa, pero apenas se colocaba sobre el piano o la guitarra y empezaba a abrir la boca y llegaba la magia, ahí quedan las once canciones que originalmente fueron publicadas en el plástico original, once piezas sobre olvidarte de lo que siempre quisiste y empezar a querer lo que tienes, sobre esperar a tu príncipe azul a media noche sentada en un banca de central park con un six de cervezas, sobre esperar ser amados indefinidamente con el conocimiento de que se és un hijo de la chingada. Pero no se confundan, porque la Judee meaba alto, sus discos lejos de ser austeros poseían un belleza casi aural, muy barroca, con arreglos de cuerda y piano que suenan como estalactitas, si pones atención igual puedes oler a los fantasmas de Nina Simone, a Gram Parsons y a la Joni Mitchel de Court & Spark. Si la curiosidad crece mi querido y abúlico lector, hágase con Heart Food (Asylum 1974) un espléndido segundo disco que más bien parece un grito de auxilio desde la cloaca de la drogadicción y desde el sexo como estilo de vida, aparte de componer hermosas canciones y pincharse maratónicas dosis de heroína, la Sill se había vuelto adicta a chupar pitos de camioneros en la frontera sur de estados unidos, vaya.

Cuando se tiene dinero suficiente ser junkie puede resultar divertido, pensemos en la basura mediática que se interna en la lujosa clínica de rehabilitación con aquella expresión de mírenme, yo también soy como ustedes. El caso de Judee es el contrario, aquí el dinero es una cruz, un pretexto más para seguir atiborrándose de heroína, ácidos, pastas, cocaína, gasolina y sexo, si, la muy cabrona conoció todos los excesos, incluso en su punto más intenso su padre ( un petrolero millonario ) llega a procurarle una pensión mensual de 10 000 dólares para que la pobre se mantenga en el hype, como es de esperarse toda esa lana se va en drogas ( a esto le sumas lo que ganaba de royalties en Asylum por sus discos). No sé ustedes, pero a mí, Heart Food me deja en paro total, es uno de esos discos que sudan sangre, que se te meten en los huesos y hacen que te duelan las articulaciones, incluso me he planteado dejar de escucharle, con discos así más le vale a uno empezar a creer en algo. La folk singer más punk que ha dado la música se despide de ese jodido mundo en 1979, en México a la edad de 34 años y de la única forma que ella conocía, metiéndose un shoot de heroína, que combinado con Alcohol, coca y valium la hicieron tomar el tren a la otra vida. Si desea usted extender su temporada en el infierno habrá de procurarse Dreams Comes True (2005) hermoso y cuidado boxset de 2 discos que incluye demos, tomas extra, ensayos y piezas inéditas, todo, absolutamente todo de incalculable valor otoñal. También incluye libreto de 72 páginas con anotaciones valiosas sobre la vida de esta gran calavera del folk. Para saber que el dinero no da la felicidad, hay que haberlos conocido a ambos, el dinero y la felicidad, la Judee tuvo lo primero, pero siempre busco lo segundo.

José Ángel Balmori.



Site con rarezas en mp3 de Judee Sill.

http://www.webnoir.com/bob/music/

4 comentarios:

Anónimo dijo...

un abstract de "dreams come true" : 'For a year and a half in there, i was taking acid every day, or at least every other day -hundred of trips. Nature had become sort of my religion...In jail, i'd had a recurrent fantasy about becoming a songwriter, you know, so when i got out, i started doing that. I started writing songs, and they just kept getting better and better. I was amazed'.

Judith Lynne Sill (1944-1979)

Balmori dijo...

Vaya, pobre judee...

Anónimo dijo...

Es una de las mejores reseñas que he leído en mi vida..Captas bien las cosas de la smujeres Bal, como es que no tienes una?..

Necesito escucharla ya!!

eso de: "olvidarte de lo que siempre quisiste y empezar a querer lo que tienes"

Me partió el alma-.

Anónimo dijo...

En Mojo de marzo (bendito correo que necesita más de dos meses para cruzar el océano) se consigna en la columna The Vinyl Countdown la reedición en vinilo de los álbumes Jode Sill y Heart Food, en el sello 4 Men With Beards. Transcribo la reseña: "Last year's limited Rhino CDs helped spread the word on this most neglected of artists --but with those sould out, these reissues now offer the sole point of entry to the curious. If you know Sill's story, but have yet to hear the music it inspired, you may be suprised by the hushed gospel grace of these baroque acoustic reveries. Until her death in 1979, she weathered many tragedies --arguably none greater than the fact that these albums have lain deleted for so long".